Arquitectura civil

 

Arquitectura civil

Desde mediados del siglo XIII comienza a ocupar la zona una serie de familias nobles procedentes del norte de la Península, de Salamanca, León y Galicia, principalmente. Estarán la mayoría vinculadas a la Orden Militar y además obtendrán importantes territorios destinados sobre todo a la ganadería. Estas familias construirán sus casas solariegas. El solar significa a la vez el linaje y el lugar concreto donde se han establecido, donde tienen sus actividades y donde poseen su patrimonio. Las realizarán con los mismos materiales empleados en la arquitectura popular, mampostería de pizarra, ladrillos y grandes piedras de granito. Pero serán mucho más espaciosas, con patios y galerías adinteladas sobre columnas, como corresponde a la expansión arquitectónica de lo salmantino hacia el sur. Siempre tienen fascinantes chimeneas de ladrillo y blasones con escudos planos en granito, que la mayoría de las veces están colocados encima de la entrada principal. Posteriormente, en el siglo XVI, el sillar, las grandes puertas y los balcones reemplazarán a materiales y formas antiguas. Casas solariegas como la de los Pacheco, los Barrante Maldonado o los Perero se reconocen como las más antiguas de la población, aunque sufran remodelaciones en los siglos XVI y XVII.

Palacio de los Marqueses de Torreorgaz Casa-Solar de los Barco

En la plaza de La Corredera se localizan tres de los palacios más llamativos: La Cosa de los Topete es construida, o al menos muy remodelada, durante el Renacimiento, por uno de los linajes más antiguos. Los Topete se instalaron en Alcántara en el momento de su reconquista, en la cual participa Fernán Sánchez, procer suyo y conquistador de la villa. Esta familia está vinculada al Condado de Canilleros, al Condado de la Torre de Mayoralgo y al Ducado de Noblejas, entre otros. A fines del siglo XIX, el palacio pasó a pertenecer a D. Antonio Villarroel Villegas, quien lo donó al obispado de Coria para la fundación de un colegio de religiosas dominicas.

Con estructura de casa-fortaleza, destaca en su exterior una torre rematada en flameros renacentista. Su fachada, de silleria granitica, ofrece una puerta adovelada y de medio punto enmarcada, a modo de alfiz, por unas columnillas adosadas de tradición gótica que atraviesan todo el primer piso (las formas se parecen a la casa de los Becerra de Cáceres). En las enjutas aparecen los escudos, ligeramente cóncavos y con la parte superior delimitada por dos curvas que se unen en el centro. Sobre la clave de la puerta se abre una ventana adintelada recorrida por casetones ornados con rosetas.

En el interior puede apreciarse un patio peristilo cuadrado con columnas de orden jónico.

El palacio de los Marqueses de Torreorgaz se abre a la plaza con aplomo y austeridad.

Es casos va nos asimétricos ocupan la planta baja, contrastando con la apertura inaccesible de seis repetidos balcones de canteria levemente moldurada.

Casa Solar de los Topete Casa nº 46 de las Cuatro Calles

La fábrica del edificio es de mampostería de pizarra, a excepción de las esquinas (en una de ellas encontramos una ventana lobulada en ángulo, siguiendo el modo de hacer característico de la región) y la portada, que eleva verticalmente los sillares para soportar sobre la adintelada puerta, dos escudos emblemáticos con las armas de los Aponte, Aldana, Zúñiga, Rocha y Ovando, que fueron los nobles moradores de esta casa.

Hemos de resaltar, por último, la buena traza de su escalera principal, los frescos de alguna habitación, que han sido encalados, y las monumentales chimeneas.

El palacio de los Roco-Campofrio fue realizado para una de las familias mejor documentadas de Alcántara. Participaron en la conquista de la villa y estaban vinculados al Condado de Urgel. Presenta una fachada recia, magnífica, equilibrada y orgullosa, que nos habla del sueño de una noble familia dedicada a la cría de ganado y el comercio de la lana, que no pudo finalizar su proyecto.

La portada divide simétricamente la composición, dispuesta en tres pisos, con tres vanos a cada lado. La estructura central se abre en el piso bajo de forma grandilocuente, siendo enmarcada con dos soberbias columnas de orden toscano que sostienen un friso clásico de triglifos y metopas, con un entablamento para balcón con dos nuevas columnas del mismo estilo que las inferiores, como prolongación de éstas y con una ligera convergencia hacia el capitel. El remate, en el tercer piso, es de un frontón curvilíneo partido para colocar un marmoreo escudo con las armas de los Roco. Los vanos del primer y segundo piso van adornados con frontones triangulares. Las esquinas de esta granítica fachada van recorridas por pilastras cajeadas.

En la calle L.lanada hemos de señalar a la Cosa-Solar de los Barco. Se trata de un palacio del siglo XVII constmido por una familia ligada a la Orden Militar. De él sobresale su fachada principal de siilería granítica dividida en dos cuernos con cuatro vanos cada uno y con decoración diferente. En todos ellos el ornato no es más que algunas molduras, algún fino listel o un suave abodnamiento. No obstante, sobresale un balcón dispuesto a modo de podada con pilastras laterales cajeadas con capiteles, que sostienen un entablamento en el que se ha colocado el busto en altorelieve de un guerrero, sobre el que vuela un frontón triangular. En los extremos dos muchachos equilibran la composiclon. A cada lado del piso alto de la fachada aparecen escudos repletos de elementos heráldicos como yelmos, lambrequines, cartelas y tenantes.

En el interior destaca un peristilo adintelado, de planta cuadrada y dos pisos con columnas de fustes lisos y capiteles-zapatas de influencia salmantina. La decoración del arquitrabe la constituye una talla sobre el granito de rectángulos y círculos.

Palacio de los Roco-Campofrío

Para finalizar, señalaremos que sobresalen algunas fachadas de principios de este siglo, blanqueadas con cal, con dos o tres pisos y regulares vanos adintelados, donde destaca la existencia de balcones y miradores en los que el hierro forjado desempeña un importante papel. Estos edificios pertenecen a una élite social constituida por la burguesía terrateniente adquisidora de las propiedades puestas en venta en las desamortizaciones del XIX.

 

Por el aislamiento político y geográfico de nuestra región, al igual que por la mala distribución económica, a la provincia no llegan las modas imperantes del momento y si lo hacen es con un retraso considerable. Por esta causa, las tendencias eclécticas no se dejan ver hasta bastante iniciado el siglo XX.

La gran influencia de las tendencias del Norte y del Sur se manifiesta en la arquitectura cacereña con la aparición de elementos típicos de aquéllas. La influencia del País Vasco la observamos en el hierro forjado, miradores y canalones; las cerámicas rejas, zaguanes y patios interiores son de influencia sevillana. Las mejores manifestaciones de este estilo se encuentran en la calle Lanada, en las casas nY 8 y nY 9, y las de Cuatro Calles nY 45 y nY 46.

La casa n.2 46 de las Cuatro Calles presenta una romántica fachada en tono pastel llena de elementos decorativos de gran teatralidad. El piso inferior se encuentra recorrido por una serie de vanos con antepechos florales en la base y una pétrea galería de cortina con borlones cólgantes sobre el dintel. La parte alta de la puerta de entrada lleva, bajo una pequeña rocalla, las iniciales de la familia Rodríguez-Arias, promotora de este edificio.

El piso central consta de unos balcones volados sobre canes. Los de los extremos se encuentran cerrados formando un juego de pilastras acanaladas y vidrieras, con la particularidad el de la derecha, que se curva totalmente para doblar la esquina. Los centrales se adornan con unos frontones curvilíneo en los que se han colocado unas cartelas.

En el tercer piso se repite el número de vanos, apareciendo en la parte central dos ventanas ovales con decoración de guirnaldas. La obra se acaba en falsas terrazas con balaustrada rematada por florones, colocadas en los extremos del edificio a modo de torres sostenidas por ligeros canecillos con relieves de cara de mujer.

Curiosamente, en esta casa no se emplea el hieno forjado y en la decoración interior, tanto soleras como chimeneas han sido realizadas con cerámicas de Talavera, firmadas por Ruiz de Luna.

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