El Castillo y las Murallas

 

El Castillo y las murallas

La situación de frontera, así como ser el Puente un paso obligado para vadear el Tajo en muchos kilómetros provocó la fortificación del enclave durante la bélica Edad Media, en tiempo de moros. De su origen, es visible un lienzo sinuoso de muralla que, adaptándose a lo abrupto del terreno, desciende por el norte hasta la misma cabecera del Puente. Hay un segundo recinto, en lo más alto, que responde a las características de las alcazabas musulmanas, donde se constituyó el convento-fortaleza de la Orden.

Los restos conservados son escasos; pero sabemos por referencias documentales que tras la conquista cristiana y, sobre todo, entre 1439 y 1453, en tiempos del Maestre D. Gutierre de Sotomayor, se introducen importantes reformas levantando la llamada Torre Blanca, unos aposentos, edificios de carnicería, una audiencia, y además se amplió la cerca. Según Barrantes Maldonado, contaba la fortaleza con dos recintos. En el principal estaban, entre otras, las torres de la Harina, del Espolón, de Matacabras, de las Armas, Blanca, etc.; el segundo recinto guarnecía a la población y en él se encontraban torres como las de Santiago, Horadada, de Garcia, de los Cántaros, Nueva y de los Ballesteros, más las puertas del Xartin, de San Juan y de San Pedro.

Muralla siglo XVII

A mediados del siglo XVI se construye el Convento de San Benito, siendo desalojada la fortaleza por los caballeros de la Orden, que pasa a ser conocida como Convento Viejo», deteriorándose paulatinamente. Durante este siglo, Alcántara alcanza su mayor extensión. Se realizarán numerosos palacios y edificios nobiliarios hasta conformar, prácticamente, la superficie que mantiene la población en la actualidad.

En el XVII se realizó, tras el aumento urbanístico, el último crecimiento de la muralla, constituyendo una fortaleza abaluartada. Hoy día, ha desaparecido en algún tramo por desbordamiento del caserio, aunque pueden observarse lienzos bien conservados dispuestos para el uso de piezas de artilleria modernas (algunas de las cuales pueden ser contempladas en la portería del Convento de San Benito). Los paredones que mejor se mantienen en pie son los de la zona sur, al haber sido reforzados concienzudamente por encontrar-se en la topografía del terreno menos accidentada. En el lado norte, el deterioro es mayor, habiéndose construido viviendas sobre ella.

En el siglo XVII se reforzará el recinto primitivo ensanchando los muros y dotándolos de taludes en sus caras externas, quedando en general las murallas conformadas por baluartes, revellines, reductos y medias lunas, de la siguiente forma: la puerta de Enmedio en la fortaleza, Baluarte de las Monjas, Puerta de la Cañada, Baluarte de San Benito, Baluarte de la Magdalena, Baluarte del Diablo, Baluarte de los Estudiantes, Puerta de la Concepción, Baluarte de San Antón, ángulo de San Miguel. Baluarte del Rollo, San Felipe, Puerta del Postigo, Baluarte de la Cruz, ángulo de San Isidro, Baluarte de Paniagua, Baluarte de los Clérigos, Baluarte de

San Juan y Puerta de San Juan. Separados de la línea de muralla se encontraba el revellín de San Pedro y el de San Marcos.

Puerta de la Concepción

La mejor de las puertas conservadas es el arco de la Concepción, construido o reformado en 1611, según consta en una de sus inscripciones. Su fábrica es de granito y mampostería de pizarra revocada con cal, como corresponde a la forma de edificar en la zona. El paso se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos reforzada con arcos fajones. En la parte superior, que dicen fue una ermita y hoy se dedica a habitación, se abre una ventana de estilo barroco bajo la que aparece un escudo de tiempos de Felipe II.

La fábrica de la cerca es a base de mampostena de pizarra, con algunos ángulos de sillería granítica. Su trazado es sinuoso y sus tramos perfectamente alineados.

La gran actividad bélica de Alcántara durante su historia vendrá motivada por ser cabeza de la Orden, por su situación de frontera y por la importancia de sus defensas.

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