Convento de San Benito

 

 

Convento de San Benito

Tras las peticiones de los caballeros de la Orden, y por encontrarse en malas condiciones las estancias de la fortaleza, los Reyes Católicos aprobaron en Toledo el 14 de Mayo de 1495 la construcción de un monasterio para los de Alcántara.

Comenzó a construirse en el año 1499 en una dehesa de la clavería llamada El Cortijo, junto a la ermita de Nuestra Señora de los Hitos; pero en 1504 se convocó un capitulo de la Orden en Medina del Campo y se decidió, por ser el emplazamiento escogido malsano y encontrarse lejos de la villa, situarlo a la entrada de la calle «La Cañada».

Fachada del Siglo XVIII

La fachada donde se emplaza la porteria fue reformada en 1744 y carece prácticamente de elementos decorativos; pero su amplitud, la abundancia de vanos y la calidad de la forja la sitúan entre las mejores.

Pasando al interior, se hace patente la restauración llevada a cabo por Hidroeléctrica Española. Cerca de la entrada podemos ver un patio pequeño, cuadrado, que tenía alrededor una galeria volada correspondiente al piso superior, sin columnas que lo sustentasen por debajo, sino arcos rebajados y semibóvedas de grandes piedras. Torres Tapia nos cuenta que hizo reparo en él la Majestad del Señor Felipe II y como tan bien lo entendía alabó la traza».

El claustro es bastante capaz, de planta cuadrada y estilo gótico. Al piso inferior entra una luz que juega con las rasantes de los arcos escarzanos moldurados de las ventanas y se enreda entre húmedas plantas formando un vergel artificial. Charcos de aguas cristalinas entre laudes sepulcrales reflejan las bóvedas nervadas con los emblemas y escudos de los Reves Católicos en sus claves. Invita el conjunto a un paseo lento, de amplios enfoques y pequeños detalles entre altares funerarios financiados por el Comendador ID. Diego de Santillán o D. Frey Ruy Diaz de Maldonado Comendador de Heliche y La Moraleja o D. Frey Femándo de Guzmán Comendador de La Zarza y Peñafiel o Frey Marcelo de Nebrija Comendador de Puebla, hijo del célebre gramático Antonio de Nebrija.

En este piso bajo es de destacar la capilla que mandó construir Frey Luis de Villasayas, Comendador de Santibáñez. Es de sillería granítica y bóveda con nerviaciones góticas. En el lado norte hay dos huecos en forma de arco donde se localizan los enterramientos del promotor y de su sobrino, ambos con escudos en su parte inferior. Se utilizó esta capilla como Sala Capitular y, de manera más desafortunada, como polvorin y molino de aceite.

Destacable también es una curiosa capilla abovedada, que se introduce en el lado noroccidental del patio del claustro, conocida como «el lavatorio de los freires". En ella pueden verse dos arcos abiertos contrapuestos y la pieza de alabastro que servia de lavatorio de manos.

Claustro

Según cuentan las crónicas, bajo el arco oriental estaba el sepulcro del primer maestre de la Orden D. Suero, sostenido por tres leones, y también el cofre donde según era tradición babia llegado O. Pelayo, iniciador de la Reconquista, desde Toledo, aguas abajo, por el Tajo, como Moisés, habiendo sido recogido y educado en Alcántara. El segundo arco se encontró flanqueado por dos estatuas de alabastro de tamaño natural que representaban a Adán y Eva.

El refectorio, que viene utilizándose últimamente como sala de congresos de la Fundación San Benito, es de planta rectangular y en él se conservan aún los bancos corridos de piedra, pegados a la pared, que servian de asiento a los freires en las comidas. La cubierta la forma una curiosa bóveda moderna de ladrillos, con movimiento ondulatorio.

El piso superior del claustro tiene una elevación menor. Carente de decoración, pero lleno de armonía, en las pequeñas ventanas de medio punto agrupadas de dos en dos, rodeando el patio. La parte interior del corredor, con bóveda de ladrillos, perfila las jambas de los vanos sin aristas, denotando un cierto arcaísmo románico.

La iglesia inconclusa de San Benito, dedicada a la Inmaculada Concepción, está unida al ala meridional del claustro y fue construida con posterioridad a la casi totalidad de todo el convento.

Bovedas

Su planta es de tres naves de igual altura rematadas en tres ábsides de gusto románico en el exterior. El central es poligonal, con un gran escudo imperial repetido. Los laterales son semicirculares con los escudos del Comendador Santillán y del Comendador Ovando. Los tres forman capillas separadas por arcos recorridos por una banda de decoración plateresca. Las laterales son semejantes entre si, con un friso en la imposta con inscripción. Bajo él hay pilares a modo de columnas estriadas apoyadas en una banda esculpida al estilo plateresco, con decoración de niños, tritones y centauros en inquieto movimiento, que, incluso, bajan por las columnas del cuerpo inferior.

La capilla del lado del evangelio es la financiada por el Comendador Santillán, apareciendo su enterramiento en la pared divisoria con el altar mayor. Se trata de un nicho enmarcado por un arco rebajado y franja plateresca. En su interior, un sepulcro blasonado en forma de cofre.

La capilla del lado de la epistola fue fundada por el Comendador Ovando, amigo y protegido de Fernando el Católico, quien lo nombró en 1501 Gobernador de las Indias Occidentales.

Por último, señalaremos la que corresponde al Comendador de Piedrabuena Frey Antonio Bravo de Jérez, situada en el crucero del lado de la epístola. De menos altura que las anteriores, con planta cuadrada y mayor espacio, siendo encuadrable en el mismo estilo arquitectónico del edificio. Un arco de medio punto cerrado con una bella reja de hierro da acceso a esta capilla.

En el muro de la derecha, al lado de la puerta de la sacristía, hay otra que da acceso a una hermosa escalera de caracol por la que se sube a una tribuna donde se encontraba el órgano. La escalera, bello ejemplar gótico, lleva un pasamanos resaltado en los sillares del muro cilindrico que la rodea.

La bóveda de la iglesia es de cruceria con medallones en las claves de los nervios, que se apoyan en pilares elevadísimos con fustes adosados recordando los pilares cruciformes románicos. Las basas son áticas y los capiteles se forman con molduras corridas.

En el ala este tenemos la más original del edificio, conocida como la Galeria de Carlos V. Es una estmctura calada, en tres pisos, al estilo de los palacios venecianos. El inferior está formado por arcos rebajados, el segundo por arcos de medio punto y el tercero es arquitrabado. Las columnas son de orden jónico y en las enjutas aparece repetido el escudo de la Orden.

Los ángulos son reforzados por macizas torres cilíndricas con grandiosos escudos imperiales. La tone del sureste termina en un cono con cardinas platerescas, al estilo de Rodrigo Gil, y la otra en un flamero sobre casquete esférico. Esta última se une a la Sala Capitular con un muro con hermosos vanos en los tres pisos y decoración renacentista.

Esta fachada, que se abría a la huerta del convento, sirve ahora de escenario al hemiciclo realizado ante ella, siendo ocupado por los espectadores que asisten a los Festivales de Teatro Clásico Español, realizados en verano desde hace pocos años.

El maestro más importante de los que trabajan en este edificio fue Pedro de Ibarra, ligado a monumentos como el palacio de Monterrey y el colegio Fonseca de Salamanca, así como en las catedrales de Coria y Plasencia. Representa en el Renacimiento extremeño la aportación del norte peninsular. Otro de los maestros fue Pedro Larrea.

Sepulcro del comendador Bravo de Jeréz

A este último se encargó la realización de los proyectos, que fueron presentados en diciembre de 1505 y, recibido el beneplácito real en la primavera de 1506, comenzaron las obras bajo la dirección de dicho artifice. Debió de levantar Larrea la mayor parte del edificio.

Un periodo escasamente documentado sigue a la época de Larrea, probablemente sin obras de especial relevancia en el conjunto, hasta la incorporación de Pedro de Ibarra, en 1544 6 1545, como Maestro Mayor, cargo que ocupará hasta su fallecimiento en 1570. La tarea de Ibarra es inmensa, presentando trazas y condiciones para numerosos edificios religiosos civiles y militares en la jurisdicción de la Orden, aunque, evidentemente, su principal ocupación estaria en torno al conjunto arquitectónico que ahora nos ocupa. De ahi, la frecuencia de citarse como Maestro Mayor del Convento de San Benito alternando con el de Maestro Mayor de la Orden de Alcántará. Junto a Ibarra, trabajaron en San Benito los más notables artifices de la región, siendo de destacar las colaboraciones de Pedro de Marquina, Guillén Ferrant, Hernando Moreno, Sebastián de Aguirre, el broceño Juan Bravo y el alcantarino Gaspar López.

La politica desamortizadora del siglo XIX hizo desaparecer todo el mobiliario del convento hasta que el 22 de marzo de 1866 el edificio fue subastado y vendido a particulares. Se intentó también la subasta de la iglesia, pero el pueblo y autoridades protestaron enérgicamente, logrando finalmente que el Ministerio de Gracia y Justicia diese el 11 de abril de 1872 una orden por la que prohibía la venta del histórico templo.

Finalmente, tras el informe realizado por D. José Ramón Mélida Alinari el 16 de marzo de 1914, fue declarado por Real Orden Monumento Nacional.

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